"Señor, ¡Enséñanos a rezar!" — Francisco

Evarado Alatorre
Diciembre 6, 2018

Recorriendo el Evangelio de Marcos y la entrada de Jesús en Cafarnaúm, cuando tras la puesta del sol multitudes de enfermos se acercaron al Maestro para ser sanados, Francisco subrayó que sin embargo, por la noche, el Señor se dedicaba a la oración: Él – dijo el Pontífice - se desvincula. Se cumplen las antiguas profecías y las expectativas de tantas personas que sufren: Jesús es el Dios cercano, el Dios que libera.

En una parte improvisada del discurso, Francisco afirmó que "es un peligro de los líderes apegarse demasiado a la gente, no tomar distancia".

Jesús se da cuenta y "no termina rehén" de la gente y en "la primera noche en Cafarnaún demuestra ser un Mesías original". (Mc 1, 37). La exclamación parece ser la cláusula que sella el éxito de un plebiscito, la prueba del buen resultado de una misión. El Papa describe a Jesús que busca a la gente, viaja por varios lugares para buscar a las personas, pues "no es la gente que lo busca, sino es, sobre todo, Él a buscar a los otros". "No debe echar raíces, sino seguir siendo continuamente un peregrino por los caminos de Galilea". Y también, peregrino hacia el Padre”, “en camino de oración”. En camino de oración.

Más adelante en su catequesis, Francisco observó que en algunas páginas de la Escritura “parece que es ante todo la oración de Jesús, su intimidad con el Padre, la que lo gobierna todo”.

Jesús rezaba intensamente en los actos públicos, compartiendo la liturgia de su pueblo, pero también buscaba lugares apartados, separados del torbellino del mundo, lugares que permitieran descender al secreto de su alma: es el profeta que conoce las piedras del desierto y sube a lo alto de los montes. "Las últimas palabras de Jesús, ante de espirar en la cruz, son las frases tomadas de los salmos".

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Jesús rezaba como reza cada hombre en el mundo.

El Papa animó "a pedir a Dios como hicieron los discípulos: "Señor, enséñanos a rezar", para que nuestra oración no sea rutinaria ni egoísta, sino encarnada en nuestra vida y que sea agradable a nuestro Padre del cielo".

En la última edición del año de El Video del Papa, el Santo Padre exhorta a "quienes quieren compartir su fe con la palabra", a imitar el estilo de Jesús, "para acercarles el amor de Dios". Nosotros también deberíamos decir: "Señor enséñame a rezar".

"¡Incluso si hemos estado orando durante tantos años, siempre debemos aprender!", dijo el Papa en la audiencia general de este miércoles 5 de diciembre en el Aula Pablo VI del Vaticano. La oración del hombre, este anhelo que nace de forma tan natural de su alma, es quizás uno de los misterios más densos del universo. "Y no sabemos siquiera si las plegarias que elevamos a Dios son efectivamente las que El quiere que le dirijan". La Biblia también nos da testimonio de oraciones inoportunas, que al final son rechazadas por Dios: basta con recordar la parábola del fariseo y el publicano. Y dice Jesús: éste no está justificado "porque el que se ensalza será humillado, el que se humilla será ensalzado" (Lc 18, 14). De este modo, señaló que "el primer paso para rezar es ser humildes", porque “la oración humilde es escuchada por el Señor”. Pero se empieza siempre con la humildad, y el Señor escucha. "Es decir, de la oración de los hebreos, rezaba con las oraciones que la mamá le había enseñado". "Sería bello repetirlo en este tiempo de Adviento, 'Señor, enséñame a rezar'". "E ir más allá y orar mejor, pero pedírselo al Señor".

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